
int: Antonio Banderas, Elena Anaya, Marisa Paredes, Jan Cornet, Roberto Álamo
Tenemos suerte de poder haber visto la filmografía completa de Pedro Almodóvar. Casi todas se han estrenado en la cartelera comercial, y las que no, se pudieron ver en diversos festivales de cine.
La décimo novena película del director manchego era un proyecto que venía arrastrando desde hace años, basado en la novela Mygale (Tarántula) de Thierry Jonquet.
“La piel que habito” trata sobre Robert Ledgard, un cirujano que al perder a su esposa en una explosión dedica su carrera en encontrar una piel artificial lo suficientemente fuerte al fuego. Él experimenta con Vera a la reconstruye a imagen de su fallecida mujer.
Estamos ante un thriller mezcla con film noir, donde se juega con el suspenso y nos sorprende a mitad de la película. Almodóvar tiene esta fascinación por el cuerpo (recordemos los largos planos de cuerpos del deseo en ‘Hable con ella’, 2002 o ‘La mala educación’, 2004) y aquí el voyerismo se plasma en grandes televisores, en cámaras de seguridad entre el deseo y la dominación.
No es casual que recuerde a Hitchcok (Vértigo, 78) o de Palma (Doble de cuerpo, 90); tiene mucho de ellas, y es justo el tipo de films que le vienen bien a Banderas, en esa parquedad que se ajusta a su método de actuación.
Hay una violencia sádica, algo enfermiza que impresiona y nos llama a la reflexión sobre la ética en la experimentación genética, usada aquí en forma de venganza.
Antonio Banderas y Elena Anaya están muy bien como protagonistas, ella muy controlada, él con un papel que le queda como un guante (Almodóvar siempre pensó en el como el protagonista desde que se hizo con los derechos del libro), pero yo llamaría la atención en Marisa Paredes, su protagonista en “La flor de mi secreto” (95), aquí es Marilia, la mujer que vigila a Vera, precisa y eficaz como siempre.
Hay una secuencia muy buena, cuando llega el hijo de Marilia disfrazado de tigre a la mansión de Robert, buscando asilo porque lo persigue la policía; es extraña porque no parece corresponder al clima del film, pero funciona bien en el desenlace.
El film es una propuesta arriesgada para un Almodóvar que siempre juega con el melodrama como principal baza de su éxito. Es de visión imperdible.