
Toy story 3 comienza con un homenaje al western, una lúdica ficción que combina personajes diferentes entre si y que solo en la mente de un niño puede ser posible.
Pero Andy, ya esta grande ahora, y debe ir a la universidad, lo que acarrea temor y pena en sus juguetes, que extrañan pasar tiempo con él (la trampa que le ponen para que los vean, el tiranosaurio Rex, alegre por que Andy lo toco).
Su madre le dice que los guarde o se deshaga de ellos, lo que origina una confusión y por consiguiente estar tan ofendido que prefieren irse donados a una guardería que estar en el desván.
La opción no es tan mala, ahí podrán ser queridos por niños otra vez, pero no tienen idea de las aventuras que pasaran al llegar.
Sunnyside, es la guardería que a primera vista parece ideal, pero que al final se convierte en una prisión, y como tal se emplean algunas secuencias del género carcelario como el plan de escape o la fuga.
Aquí los malos, son como una mafia, si no están con ellos, estas en contra. Woody al enterarse de cómo la pasan sus amigos, decide ir a rescatarlos.
Los juguetes se enfrentan a su realidad, lejos de la felicidad que brindaron a Andy, solo les queda ser desechados o ser parte de esta guardería y hacer felices a niños que siempre los querrán, pero nada más lejano a la realidad, pues los infantes los maltratan.
Hay escenas patéticas y graciosas como la de cara de papa en una tortilla, que ejemplifica lo difícil de su situación, a Buzz apresado y cambiado de personalidad ( en una especie de lavado de cerebro como en film de espías), Barbie entre el amor de Ken y la amistad.
En resumen, un buen guión, un tratamiento digno a los personajes, y la mejor tecnología en digital, que más se puede pedir.
Nota: presten atención al peluche de Totoro, como parte de los juguetes de una niña, un homenaje al maestro Hayao Miyasaki, del que tendría que escribir algo pronto.